martes, 29 de diciembre de 2009

Fair du mot la matière

De un verso de José Ángel Valente.

Qué desposeer del hecho contumaz y perseverante de la existencia sino a ella misma. La luz declina y retorna en su fúlgido destello por propia naturaleza. Nada nos es dado, salvo la luz. Y, en ella, el reflejo nos desconcierta y confunde. Está en nosotros. Pero advierte y define su estancia si, convertida en materia, la palabra es ofrenda alzada y transparente.



Faire du mot la matière,
entregarla para que su mudez
sea prodigio de veraz suceso.
Para que, una vez ante ella,
dejáramos sumir el silencio
y atendieramos al eco
que en su fecundo vientre
brota latiendo de lejos.

Lámour sans nom, ne cesse de t´engendrer,
y asuspicia ese don plural,
la íntima presencia, si a ella
reverencio mi aliento
para que su pureza
permanezca intacta,
tal como es.

La palabra materia y silencio.


"El paisaje no es otra cosa que una impresión, una impresión instantánea , de ahí el título , una impresión que me dio. He reproducido una impresión en le Havre, desde mi ventana, sol en la niebla y unas pocas siluetas de botes destacándose en el fondo... me preguntaron por un título para el catálogo, no podía realmente ser una vista de Le Havrem y dije "pongan impresión"

Impression, soleil levant.
Claude Monet.
14 de noviembre de 1848. París.
5 de diciembre de 1926. Giverny. Francia


A José Manuel Galeano; pues, no supimos del gesto herido.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Bicis al tren

Tres círculos irradiados

por una molienda en pedal,

pertinaz marcha deseada

que te eleva más y más.


A ti, mi bicicleta. Pedro Luis Ibáñez Lérida

De Poetas en bicicleta.

Homenaje a la bicicleta a través de la poesía. Editorial Nuño, 2007

Prólogo y antólogo Francisco Vélez Nieto.



Cuando me regalaron la bicicleta –Mobylette GAC de color verde con guardabarros de metal plateado-, con apenas siete años, mi padre me enseñó a montar en ella. Agarraba sólidamente el sillín por la parte trasera y, tras indicarme que alzara el pedal derecho y arrancara impulsando éste, mantenía con tenacidad el poco equilibrio que me procuraba en mis viajes cortos y experimentales. Una vez contraída cierta experiencia, me dejaba suelto. Entonces, la dirección empezaba a hacer eses y no atinaba a utilizar los frenos. Las manos se aprestaban con pasión al manillar, como tratando de asirse a su tabla de salvación. Pero en realidad me conducían al desastre. Por lo que, en bastantes ocasiones, caí, choqué o tropecé con diferentes obstáculos. Recuerdo que tomar una curva tenía la trayectoria a trozos de una línea recta o que el giro se eternizaba al hacerla demasiado abierta. Él me animaba a perseverar hasta que logré dominarla.


Quizás, influenciado por las películas del Oeste –en aquella época tenían gran aceptación entre el público televidente y, desde entonces, forman parte de mis gustos cinematográficos-, pensé que había domado un mustang alazán, de crines tostadas, de fuerte pelaje e incansable en las galopadas. Así que más que pedalear, cabalgaba. La sensación placentera de este prodigio mecánico venía determinada, en mi caso, con la posibilidad de desplazarme de un sitio a otro. En ese ir y venir, la perspectiva era bien distinta que andando o corriendo. La mirada era otra. Se superponía en la apreciación del paisaje que iba quedando atrás. Espoleaba al centauro en el que me había convertido, animándole con leves golpes en la cadera. Así aprendí a soltarme de una mano.


La bicicleta nos hace gravitar. No ponemos el pie en el suelo y nos deslizamos con la suavidad de una gacela retozando en la sábana. Es mágico. Pues, si bien apenas lo denotamos en ese preciso momento, al pasar el tiempo entendemos que el proceso de aprendizaje es para toda la vida. No es más cierto que nunca lo olvidamos. No rozamos el suelo y, sin embargo, transitamos por él.


Curiosamente, conforme me iba haciendo mayor, y aunque cambié de montura, aquella primera permaneció con nosotros. Mis tres hermanos también aprendieron con ella. Y hoy, aunque no se utiliza, sigue pareciéndome bella en la propia inutilidad de su abandono; la del sencillo mecanismo cuya prestancia y elegancia le viene dada por esa singular simbiosis entre ser humano y máquina.


En la película Dos hombres y un destino -Butch Cassidy and the Sundance Kid, dirigida en 1969 por George Roy Hill-, mientras Paul Newman estimulaba su ardiente curiosidad con aquel invento promocionado en la pradera norteamericana, a principios del siglo XX , la luz última de un plácido verano parecía quebrarse con la canción Rain drops Keep falling on my head. Las piruetas del forajido sobre la bicicleta, tomaban la dimensión cómica de su propia diversión con la complicidad del espectador. Contagiado éste por la sonrisa burlona y feliz de aquél, que se acompañaba de una hermosa mujer. Ataviada con un albornoz blanco, cómplice de su locura y dando rienda suelta a su risa, sentada sobre el manillar. En aquel momento mis ojos de niño no pudieron apreciar el hermoso halo de sensualidad que constituía aquella escena y que me sigue apasionando El televisor en blanco y negro, no permitía precisar los detalles, pero aquel sombrero hongo y chalequillo, como parte de su indumentaria, continúa en mí como una indeleble marca de los recuerdos cuya naturaleza e impronta desconozco. Aunque, tal vez, venga en relación con otra película que vi más tarde, El ladrón de bicicletas -Ladri di biciclette. Dirigida en 1948 por Vittorio de Sica-. Los marcados pómulos de aquel hombre, hundido en su propia desesperación y gastada chaqueta, ofrecían una tristísima extensión de la miseria. La dignidad hurtada por las condiciones sociales. La bicicleta, como símbolo de un tiempo sin esperanzas en las que el ser humano es abocado a cambiar sus principios, a costa de su propia vergüenza existencial.


En estos dos extremos se halla el tiempo actual. Las circunstancias que impulsan defender los principios y los valores de futuro o la agónica y contumaz insistencia en esquilmar los del presente. Esta confrontación tiene su expresión palpable y significativa en la vida diaria del ciudadano de a pie. La estúpida relación entre bicicletas y tren, viene determinando la exclusión de manera parcial de aquéllas.

Cuando ambos transportes siempre han sido complementarios. Sin embargo, disposiciones absurdas, disponen un escenario bien distinto. Aun cuando un personaje de relevancia mundial haya manifestado que “el cargo más importante de la democracia es el de ciudadano”, no es tan cierto como que el de ejercerlo no es el más considerado, a tenor de los hechos sociales que a nuestro alrededor podemos observar.

En este audiovisual podemos disfrutar como ciudadanos emplean la fórmula reivindicativa de la sencillez, naturalidad, alegría y creatividad para demandar un mínimo de sentido común en la alianza entre tren y bicicleta y, con ello, la consecución de una movilidad sostenible y eficaz. Los ajustes entre poder e intelecto - entendimiento, potencia cognoscitiva racional del alma humana- requieren dosis de paciencia en grado sumo. Pues, en muchas ocasiones, sus decisiones se corresponden, sorprendentemente, con hábitos y costumbres carentes de argumentos o,ironicamente, por simple capricho.





martes, 27 de octubre de 2009

El milagro y la herida.

... porque la luz renace, en el sutil encanto de aquello que, sin pertenecernos, forma parte inexcusable de los lugares del corazón...

... porque detenida la emoción, en el fanal esplendente de otras miradas, la hacemos nuestra, no por posesión, más bien por devoción de lo que sabemos que de otros es ya...

Comparto contigo, mi alegría de estos días...


Si acaso,
la estirpe del tiempo
reposa en tu iris,
deja que vibre
la luz última.
Ésta,
la que menudea
en la sombra,
palpando a ciegas
la invisible llama.

Querido Amigo. Querida Amiga.

En la emoción de saberte entre quienes me consideran y estiman, no puedo por menos que hacerte partícipe de un poemario que acabo de publicar en la editorial sevillana Voces de Tinta: El milagro y la herida.

En esta nueva obra y creación poética, he contado con la inestimable generosidad y discernimiento de mi amigo Fran Nuño, poeta, escritor, editor y librero. Su especial y singular dedicación a la literatura confirma, desde la objetividad, la fiel devoción y sólido convencimiento en la edición de esta obra .

Asimismo, desde el rigor, honestidad y criterio de Francisco Vélez Nieto. Poeta, escritor, crítico literario y Coordinador de la Casa de los Poetas, que me honra con la autoría del prólogo. En el que realiza un ejercicio de reflexión rigurosa y un análisis ponderado de la obra

En fechas próximas, tendré el gusto de invitaros a los diferentes actos de presentación en Sevilla y provincia de El milagro y la herida. No obstante, puedes adquirir los ejemplares en Librería Nuño (c/ San Luis, 83), el PVP del libro es 10 € y próximamente a través de la librería electrónica ReadOnTime y como libro electrónico en TodoEbook. A cada ejemplar, acompañará un marcapáginas elaborado artesanalmente por mí, incluyendo un poema inédito.


En archivo adjunto podréis ver la portada del libro, cuya ilustración ha sido realizada por mi compañera de Baratillo Joven.CreAcción Poética Saray Pavón Márquez.

En el blog de Voces de Tinta podéis ir viendo las distintas noticias al respecto

http://www.vocesdetinta.blogspot.com/


Mi gratitud en los labios. Un placer saberos ahí. De corazón.

sábado, 5 de septiembre de 2009

La casa amarilla

Los olivos, a través de sus ramas estilizadas, cernían la transparencia de la luz en la tarde de agosto. En el aire flotaba un espacio de ausencia. El cielo esplendente y abierto como unos labios deseosos

sumía el desabrigo y la destemplanza sin más razón que el puro ejercicio de la añoranza. Se dispuso la emoción para contravenir.

Andar tras los sueños es afán de ilusos, dicen. Quizás, nunca deje de serlo o, acaso, la semilla germina por azar y, aún recogida su fruto en gavillas, la raíz, frágil e invisible, permanece en la tierra.


Alanís, 30 de agosto de 2.009.







20 de febrero de 1888.


Vincent van Gogh llega a Arlés, procedente de París, y se hospeda en la casa Carrel, en el número 30 de la calle de la Cavalerie. Empieza a pintar con un ardor inusitado. Para combatir el mistral ata los pies del caballete a estacas, con el fin de que aquél no sea un obstáculo en su deseo incontenible por pintar estos “huertos de Provenza de una alegría monstruosa”. Tanto es así que destina sus escasos recursos económicos, única y exclusivamente, a los útiles de pintura, malnutriendose con pan y queso. Incluso solicita a su hermano Théo –encargado en la galería de arte de Goupil, en el boulevard Montmartre de París- de más de cien tubos y diez metros de tela que él mismo se encarga de ajustar al bastidor. “Cuando he dejado de beber, cuando he dejado de fumar tanto, cuando he comenzado a reflexionar en lugar de intentar no pensar, entonces, ¡Dios mío ¡ ¡Qué melancolías y que abatimiento”. Vincent es un hombre agotado y enfermo.


Vincent sueña con una asociación utópica de artistas y marchantes, en la que estos últimos “no sean usureros”. Los artistas reconocidos colaborarían con los menos, procurándoles ayuda para las telas. “Ciertamente, si pudiera ser, me gustaría no tener que vender jamás”.





A principios de mayo, alquila una casa por un año con una mensualidad de 15 francos. Se trata de una casa de cuatro habitaciones, situada en la plaza Lamartine, a la entrada de la ciudad. La singularidad estética estriba en que está pintada de amarillo y encalado su interior. Lo llama Estudio del Sur. Este soñado falansterio es decorado con las más bellas telas de esta época: Los girasoles, La casa amarilla, La noche estrellada, Los jardines del poeta... “Cuando se tiene en el interior ardor y espíritu, no puedes apagarlos –es preferibe arder que apagar. Lo que se lleva dentro tiene que salir. Por mi parte yo experimento un consuelo cuando pinto”





Invita a Gauguin “enseguida verás que he pensado en ti al prepararte el estudio con una gran emoción”. Pero éste posee otros intereses menos colectivos y es incapaz de reconocer este grado de altruismo tan absoluto. Tras algunos incidentes convivenciales, Théo, dispensador de los únicos fondos del pintor, recibe una carta de Gauguin, a escondidas del hermano, “Me veo en la necesidad de que me mandes parte del dinero de mis cuadros vendidos. Después de pensarlo mucho, me veo en la obligación de volver a París; tanto Vincent como yo no podemos vivir juntos por la incompatibilidad de carácter y los dos necesitamos tranquilidad para poder trabajar”. Desarbolado por la decisión de Gauguin e imputándose la responsabilidad de su marcha, Vincent ve penosamente naufragar el sueño que perseguía. Su relación comunal apenas alcanza los dos meses.






Embargado por la desesperación que le provoca esta situación, se une a ella el futuro matrimonio de Théo. Una vida familiar que Vincent nunca podrá tener. Guiado por el grado absoluto de su compromiso artístico ve peligrar la complicidad de su hermano. Este aparente desaire, está cargado de una profunda amargura, porque quisiera alegrarse de su felicidad. Tal vez los recuerdos de un pasado familiar lo asalten durante los días de Navidad.




Vang Gohg frecuentaba la plaza de toros de Arlés. La fatalidad –cercenado el lóbulo de la oreja derecha- puede enmarcarse en el testimonio fehaciente y simbólico de una derrota. La muerte como efecto triunfal de las corridas de toros en las que el matador ofrece la oreja del toro. Pero en este caso, haciendo del ritual un acto de sacrificio y no de dominación. El día 24 de diciembre, desde la casa amarilla, taponando la hemorragía primeramente con servilletas mojadas y envolviendo después la cabeza, mete la parte de oreja seccionada en un sobre, se coloca un gorro y se dirige a la calle Bout-dÁrlésse donde se encuentra la “casa de la tolerancia nº 1”. Entrega el sobre a Gaby, una jovencísima prostituta cuyo sobrenombre es Rachel, la única que puede homenajear su derrota diciéndole: “Guarda este objeto como si fuera un tesoro, en recuerdo mío”. Tras este suceso es encerrado en una celda del Hospital Principal. Siendo diagnosticado de una crisis nerviosa de origen epileptoide con alucinaciones y delirio de la que recaerá en repetidas ocasiones hasta su muerte.



Escribía Van Gohg: “Qué vuestra luz ilumine a los hombres. Creo que ésta tiene que ser la divisa de todo pintor”.


La luz, aún en la sima más profunda, oscura o lóbrega, olvidada de las miradas que puedan conveniar compromisos o intereses, desposeída del oropel que nubla los sentidos, permanece recóndita en el espíritu que ennoblece su llama.


Haikus a Vincent van Gogh



Los girasoles

resucitan en tu luz,

bella claridad


Infinito aquél,

pisada transparente,

que te delata.


Roja cabellera,

arrebol en la tarde

dulcemente tú.


Sembrador de sol

la casa amarilla

arden los sueños.


Verdes olivos

hablan al cielo del sur

rumor perdido.


Ojos hundidos

leve ocaso rasgado

puñal esquivo.


Urdido el iris

cierne pincel desnudo

de aire sombrío.


Tu mano hierve

el lienzo grita mudo

como aves frías.


Agua tu mirada

es secreta hondura,

flujo del verso.


Herida de luz

nacida del crepúsculo,

amarillo sol.


martes, 28 de julio de 2009

Macbeth, resuena el eco sangriento

Ciego es el lugar en que el alma humana se adentra en el abismo. La naturaleza de éste no reviste importancia. En aquél, la lentitud exasperante de la lucidez, declina en amargo sabor.


¿ Cómo desprenderse de la propia acción cuando ésta aceleró más allá de nosotros ?

¿ Qué, ahogado el gozo, hará estancia cálida para aliviarnos de este constante avatar ?

Conseguido el poder, la determinación por asir la vana y fútil gloria, el proceso que se aviene para entronizarnos, para envanecernos y ensoberbecernos nada importa excepto el momento. El cruel e intransigente momento que denota el peso del hecho. Por él, tras el desenlace, la indecisión y el remordimiento. Un laberinto que atenaza la víspera y, aún, el hoy. Mañana será sombra que nos acompaña.




Si estuviera hecho, una vez hecho, entonces estaría bien que se hubiera hecho pronto; si el asesinato pudiera echar la red sobre la consecuencias, y con su cesación, asegurar el éxito, de tal modo que sólo ese golpe fuera total y el fin; aquí, aquí mismo, en este banco, en este bajío del tiempo, saltaríamos a la vida venidera. Pero en estos casos seguimos siempre sometidos a juicio aquí, ya que no hacemos sino enseñar lecciones de sangre, que, una vez enseñadas, regresan para asolar al inventor. Esta Justicia de mano equitativa acerca de los ingredientes de nuestro cáliz envenenado a nuestros propios labios.


Macbeth. Acto I. Escena VII

William Shakespeare.

1654-1616 Stratford on Avon.





















Macbeth, resuena en el eco sangriento

que vocifera la venganza del cielo;

tu corazón de negra y gruesa arena

enturbia tus lúcidos pensamientos.

El puñal agita el siniestro duelo,

tres brujas que alientan el miedo;

manos cuajadas de remordimiento

ansían el brillo fugaz del cetro.




Con la palabra crea el vínculo,

con su deseo propone el mío.

A Suri Emilio.


Andamos descalzos;

a tientas, por el beneplácito de la duda,

discretos, por el de la esperanza.





Salvador Dalí.
Una de las trece ilustraciones
para Macbeth de Shakespeare.
1904-1989. Figueras

miércoles, 27 de mayo de 2009

Una vez tras otra, tu voz menudea

El día 13 de mayo de 1988, Chesney Henry Baker -Chet Baker-, moría al caer por la ventana de un hotel en Amsterdan. Tenía 59 años, aparentando alrededor de 80. Consecuencia que la larga adicción dejó en su metabolismo. La defenestración fue desde la segunda planta. Se destrozó la cabeza. La autopsia indicó que había ingerido cocaína y heroína.


Bruce Weber, director del documental Let's get lost, que realizó sobre Chet baker en 1988, decía de él, provocaba esa ilusión, puro romanticismo, pura dulzura, pero esa misma ilusión se volvía desilusión porque Chet no podía comprometerse con nada ni con nadie. Era una rueda que no dejaba de girar y que nadie podía sujetar. Sólo valía contemplarle cuando se dejaba, pero no podías pedirle más. Chet provocaba puro romanticismo, pura dulzura, y luego desilusión. Este documental se estrenó en 1989, poco después de que Chet Baker falleciera, lograba el Premio de la Crítica en el Festival de Venecia.



El final de Chet Baker está lleno de interrogantes. La versión oficial sostiene que sobre las tres de la madrugada la policía holandesa retiró su cadáver de una acera, bajo la ventana de su habitación de hotel. La muerte se atribuyó a suicidio o accidente causado por la droga, aunque las evidencias contradictorias fueron numerosas.








En Deep in a dream. The long Nigth of Chet Baker, biografía escrita por James Gavin, nos dice:
Era muy propio de Baker hacer que todo el mundo se planteara preguntas, incluso después de muerto. Fue un hombre de tan pocas palabras que cada una de ellas parecía misteriosa y cargada de significado." La biografía de James Gavin despeja ciertos interrogantes sobre una figura que ha seducido a muchos y en muchos lugares.

Y aunque estaba encadenado por su adicción, cuando tocaba escapaba tan dentro de sí mismo que trascendía, se elevaba a las alturas, según Lisa Galt Bond.



De tus dedos, nace la luz mortal
que los pistones trocan en verso,
describiendo en las celestes notas
un anhelo dulcemente fiero.
Tus alas de cruel blancura,
de acero cuajaron su vuelo,
cual Ícaro, cegado en la aventura,
lágrima de cera, fulgor bello.












Una vez tras otra, tu voz menudea
- time after time-
alrededor de mi cuello delirante,
seducido por la fresca comisura
de tus labios que no reposan, salvo
en la mirada que hace del olvido
un gesto de abrumadora misericordia.

Sólo sé lo que sé, esta luz desprendida
-I only know waht i know-
renacida en las mismas heridas
que sólo el amor reclama para sí,
fugaz milagro que arde en los días
como pavesas, en su propio fin encendidas,
ya cenizas aventadas sobre mis sienes.



Una vez tras otra, voz de agua
-the passing years will show-
fluye y despliega su desnudo manto
hasta la linde que abriga tu pecho,
como un océano de inflamado fuego.
Allí, estéril, el tiempo vaga
sin encontrar su lugar, su asiento,
el acomodo que sólo me celebras tú.

Sólo sé lo que sé, trémula dicha
-and, time after time-
que recorre mi espalad, sin prisa,
retozando placidamente, sintiendo
que la luna de mayo late en el cielo,
tan lejana y distante como el recuerdo
de aquel reflejo en tus ojos dormidos.


A la memoria de Chet Baker.
A los Compañeros y Amigos
Antonio, Vicente y Luismi
de la Asociación Apoloybaco,

Jazz, Vino y Literatura,
oferentes de la Amistad.

viernes, 20 de marzo de 2009

Reflejo del aire


















Reflejo del aire,

la brizna de hierba
surte de existencia
la leve brisa.

El tiempo es un decir cansado.
El tiempo,
la palabra pendiente.
Albor que ciega.

Amarilla luz, desvaída,
proyectada sobre el pasillo
desde la habitación de madrugada.
A su derredor penumbra.

El vacío es un grito de salvación.
Saltas y extiendes las alas.





El rumor del tiempo
Guillermo Pérez Villalta.
Tarifa.1948

viernes, 6 de marzo de 2009

Y así fue

Y así fue.
Cristalina y pura su forma,
de un elevado designio,
porque sólo le pertenecía
porque andaba tras el crepúsculo.
Entonces, del aire vino la lágrima.


















Estanque de las lágrimas. 1968-1969.
Salvador Dalí.
Figueras. 1904-1989




martes, 3 de febrero de 2009

Reconozco su acento

Reconozco su acento,
es el mismo;
el dolor,
hizo su voz,
de plata dormida
y fría









Sin sorrow. 1946.
Ben Shahn.
Lituania. 1898
Nueva York. 1969

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Un lugar de inhóspito signo

Un lugar de inhóspito signo,
la ausencia. Ajado el tiempo,
el aroma aún se mece
en el aire que te nombra.


















Timbalero. 1940.
Paul Klee.
Suiza. 1879-1940

lunes, 1 de diciembre de 2008

Ahora, es el aire la sombra
























Ahora, es el aire la sombra;
sombra como pisada en el charco,
porque las ausencias hablan
de tiempo pasado.
El reverso de la palabra que sana,
luciente soledad de tránsito
que reclama en la esquina
la invisible sombra de paso.
Arrojado sobre el día;
extraño, distinto en el gesto;
ebrio, asombrado por el llanto.
Sólo el alivio de ala rota
-gorrión dando saltos-,
está de más la pérdida que no hallo.
Ahora, es el aire la sombra;
sombra como el letargo.






La sombra.1953.
Pablo Ruíz Picasso.
1881-1973
Málaga - Mougins

martes, 25 de noviembre de 2008

Proferir el sonido lóbrego y austero
























Proferir el sonido lóbrego y austero
que la muerte dejó en mi boca
cuando te nombro, padre.
Necesito que el dolor me alcance
y atraviese la memoria de tus ojos
antes que la sal ciegue los míos
y la luz clausure tu rostro.









Dolor. 1998.
Jacinta Gil Roncalés
Benimámer-Valencia- 1917.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Existe un vacío rehuido




















Existe un vacío rehuido,
incendiado en el miedo
de cuanto asoma de nosotros.
Permanece oculto, encerrado
en el profano fragor del olvido
distante del devenir diario,
de la sucesión de hechos imbricados,
del cansancio agitado en las pupilas.

Existe un vacío proscrito,
entregado a la mudez
de la palabra herida.

Asiente mísero, excluido
en la soledad sin memoria,
endosado a la intemperie
del alma que tirita.




Leyendo poesía. 1957.
Milton Avery.
EEUU. , 1893-1965.

viernes, 17 de octubre de 2008

Desenvuelta la dicha, así


















Desenvuelta la dicha, así
convencida en su afán
de propiciar el goce delectante,
arrobado en este íntimo pensamiento,
el que provoca que derrame
todo mi contenido en la luz.
Y nada sostengo. La mirada
-deleble paisaje en la tuya-
apenas dulcifica lo que fui.


Ahora, escarcha.
Frío fulgor.






Abedules.
Rafael López Blázquez.
Ávila. 1957.

sábado, 4 de octubre de 2008

Vengo de las raíces del árbol y su savia



















Vengo de las raíces del árbol y su savia
como tinta verde que escribe el prado,
el mirto, el jaguarzo, el romero,
nada por mis venas su esencia,
herencia de cada día y su sustento.
La tierra es la carne de vida
que atraviesa mi amor
y se adentra hasta agigantar su voz
en las entrañas colmadas de luz.




Capricious form. 1937
Wassily Kadinsky.
Rusia 1866- Francia 1944.

domingo, 28 de septiembre de 2008

La lluvia detiene el tiempo





























La lluvia detiene el tiempo
y, sólo, transcurre el cántico gris
de las gotas percutiendo insistentes.
El cielo es un edén inhóspito,
cegado por la espesa bruma
que circunda la pereza del día
hay una apariencia huérfana
que nos habita y viste,
que nos enmudece y soporta,
que fenece sin dejar estela
como una frágil vocecilla
mordida en el umbral celeste.
La plata fría se desliza;
jovial torrentera
entre las hojas del castaño
hasta relucir en la blanda tierra.
El deseo está huido y herido
como esta sed que no se apaga
en la seca y adusta garganta.







Retrato de Frascuelo con niña.
Baldomero Romero Ressendi
Sevilla, 1922-Madrid, 1977