
La lluvia detiene el tiempo
y, sólo, transcurre el cántico gris
de las gotas percutiendo insistentes.
El cielo es un edén inhóspito,
cegado por la espesa bruma
que circunda la pereza del día
hay una apariencia huérfana
que nos habita y viste,
que nos enmudece y soporta,
que fenece sin dejar estela
como una frágil vocecilla
mordida en el umbral celeste.
La plata fría se desliza;
jovial torrentera
entre las hojas del castaño
hasta relucir en la blanda tierra.
El deseo está huido y herido
como esta sed que no se apaga
en la seca y adusta garganta.
Retrato de Frascuelo con niña.
Baldomero Romero Ressendi
Sevilla, 1922-Madrid, 1977